UNA NUEVA EXPERIENCIA ENSEÑANDO ESPAÑOL
UNA
NUEVA
EXPERIENCIA ENSEÑANDO ESPAÑOL
Por: Mariliana
Irizarry Torres
(Estudiante de trabajo social de la UIAPR Recinto de
Arecibo)
Una
de mis clases durante este semestre es “El Compromiso Comunitario y la
Experiencia de los Inmigrantes en España” ofrecida por la profesora Yukiko
Okazaki. Como parte de la clase, es necesario realizar tres horas semanales de
servicio comunitario a inmigrantes en distintos centros donde se ofrecen
servicios educativos ya sea en Colegios, La Cruz Roja o YMCA. Entre las
diferentes alternativas, yo escogí ofrecer clases de español. El jueves tuve la
oportunidad de comenzar esta nueva encomienda en el Centro Cívico de Doña
Bárbara con personas refugiadas provenientes de Rumanía, Siria y Marruecos.
Las
clases son impartidas por personal de YMCA los martes y jueves en horas de la
mañana. Antes de llegar, me reuní con Yuki en el vestíbulo de la Fundación para
tomar el bus y llegar a nuestro destino. Confieso que estaba muy nerviosa y
sentía que mi corazón quería salir de mi pecho. Era una mezcla emociones porque,
además de miedo, sentía emoción por comenzar este nuevo reto. A medida que
comenzaban a llegar los estudiantes, mis nervios estaban aumentando, pero
siempre trataba de mantener la calma. Sentía angustia por la clase y que no
fuera como lo había proyectado. Efectivamente no fue como lo pensé, sino que
fue mejor. La interacción entre los estudiantes, el profesor y yo fue
increíble.
La clase estuvo compuesta por mujeres y todas lucieron muy motivadas
por aprender español. Para reforzar esa motivación, yo trataba de demostrarles
la excelente ejecución que estaban realizando a través de gestos o comentarios
positivos para alentar su participación en clase. Sin embargo, durante la clase
enfrenté una pequeña dificultad ya que estaban aprendiendo el abecedario y la
letra era la “c”. En el castellano se expresan haciendo una diferenciación entre
/ø/ y /s/, en el centro norte peninsular, sin embargo, como diferencia dialectal, en Puerto Rico se emplea el
“seseo”. Por lo tanto, cuando iba a ayudarle a las estudiantes me tocaba
pronunciar la “c” y me confundí varias veces, pero pude controlarlo. Al final
de la clase, recibí muchos gestos de cariño y agradecimiento por parte de las
alumnas por medio de abrazos y besos. Sentí una felicidad proveniente del alma
y no sé describir el momento, solo puedo asegurar que ese voluntariado cambiará mi mundo y la
perspectiva que tengo de él. 


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